«Mi jefa de operaciones no decide nada. Me lo consulta todo. Me equivoqué al ascenderla».
Esta afirmación de un CEO con el que trabajé refleja un síntoma habitual en la dirección de pymes. Sin embargo, al analizar la dinámica en detalle, descubrimos que en solo seis meses el directivo había corregido o matizado alrededor de 150 decisiones de su responsable operativa.
Ahí reside el verdadero problema de la gestión de equipos. La jefa de operaciones sí decidía, pero el sistema le enseñó que cada iniciativa acababa reajustada desde la dirección. Ante este escenario, ella optimizó su tiempo: consultar antes de actuar para evitar la corrección. No estamos ante un fallo de capacidad, sino ante una cultura organizacional que penaliza la autonomía e incentiva la dependencia.
Lo complejo para un ejecutivo no es identificar este patrón en otros, sino reconocer cuándo es uno mismo quien aplica esos 150 matices diarios. Cuando la alta dirección corrige de forma reiterada la ejecución de sus mandos intermedios, ahoga la iniciativa y genera un cuello de botella estratégico.
Para corregir esta inercia y estructurar un entorno autónomo, es indispensable alinear los objetivos corporativos con indicadores claros de gestión. A través de programas de Liderazgo en Tiempos de Cambio y nuestro proceso de Mentoring Directivo, ayudamos a los comités de dirección a pasar de la supervisión constante a la delegación efectiva, estableciendo un Cuadro de Mando Integral (CMI) que marque las reglas del juego sin asfixiar la toma de decisiones.
Si deseas transformar la cultura de tu empresa y desarrollar equipos de alto rendimiento que asuman responsabilidades de forma autónoma, ponte en contacto conmigo para evaluar el punto de partida de tu organización.


